Diario del Orador

Cómo hablar con seguridad frente a directivos y cargos superiores

2026.09.06
Cómo hablar con seguridad frente a directivos y cargos superiores

Eran pasadas las tres de la tarde y el ruido de la lluvia contra el ventanal de mi apartamento en Medellín era lo único que llenaba el vacío. En la pantalla, el Director Regional esperaba. Yo tenía la respuesta escrita en un post-it pegado al borde del monitor, pero mi dedo no se movía hacia el botón de silenciar. Podía sentir los latidos de mi corazón golpeando contra mis oídos, un tambor sordo que me recordaba que, aunque mis dedos son valientes en el teclado, mi garganta se cierra como si tuviera diez años de nuevo cada vez que una autoridad me pregunta algo directamente.

Antes de seguir contándote cómo salí de ese bache, debo decirte que en este diario comparto mi proceso real. Algunos de los recursos que menciono contienen enlaces de afiliación. Si decides matricularte en alguno de ellos, recibo una comisión que me ayuda a mantener este espacio, sin que eso cambie el precio que tú pagas. Solo hablo de lo que yo misma he probado en mis mañanas de práctica antes de empezar mi jornada en Customer Success.

Esa tarde, el silencio se volvió tan pesado que el Director simplemente pasó al siguiente tema. Me quedé con un sabor amargo. Unos días después, mi jefa me citó para mi revisión de desempeño. Sus palabras fueron un golpe de realidad: "Tus reportes son brillantes, pero en las reuniones pareces ausente. Necesitamos que tu voz esté a la altura de tu escritura". Ahí fue cuando compré mi pequeña libreta de cuero sintético y decidí que mi voz iba a crecer, aunque fuera a paso de caracol.

Este artículo contiene enlaces de afiliado. Si compras a través de ellos, recibo una comisión sin ningún coste adicional para ti.

El peso del silencio y la primera página de mi libreta

Empecé a finales del año pasado, sin grandes pretensiones. No quería ser una conferencista, solo quería dejar de sentir esa sensación de calor subiendo por el cuello hasta las orejas justo un segundo antes de tener que abrir el micrófono en Zoom. Mi primera entrada en el diario fue corta: "Hoy no dije nada, pero respiré hondo tres veces".

Detalle de una mano escribiendo reflexiones en una libreta de cuero sintético.

A mediados de febrero, después de unas seis semanas de práctica constante, empecé a notar que el problema no era la falta de conocimiento, sino la falta de hábito muscular. Leer en voz alta los capítulos del curso El Arte de Comunicar me dio una base. Este curso tiene una calificación de 4.5 en Hotmart, y lo que más me gusta es su tono pausado. El profesor no te pide que grites; te pide que habites tu voz. Descubrí que ganar seguridad al hablar si eres mejor escribiendo es un proceso de traducción lenta.

Durante esas semanas, mi ritual era el mismo: un capítulo cada domingo. Anotaba frases que me gustaban y las repetía mientras caminaba por la sala. El olor a papel nuevo de mi libreta y la textura de la tinta secándose mientras anoto que hoy mi voz no tembló se convirtieron en mi ancla. No buscaba la perfección, buscaba la consistencia.

La trampa de las posturas de poder y la realidad del trabajo remoto

Hubo momentos de tropiezo, por supuesto. Una tarde lluviosa de abril, intenté usar una "postura de poder" en el baño antes de una reunión importante, tal como recomiendan muchos videos virales. Me paré con las manos en las caderas y el pecho afuera, pero me sentí tan ridícula, tan poco yo, que casi cancelo la llamada por pura vergüenza. Me di cuenta de que el consejo estándar prioriza la presencia física y el lenguaje corporal, factores que casi desaparecen en nuestras reuniones virtuales de Medellín a Madrid o Bogotá.

En el entorno remoto, la jerarquía se proyecta mediante la brevedad y la eficiencia. Los directivos no están mirando si tus pies están firmes en el suelo; están escuchando si puedes llegar al grano sin dar rodeos innecesarios. Comprendí que para hablar con seguridad frente a cargos superiores, necesitaba dominar el arte de la síntesis. Aprendí a usar la técnica de poner la conclusión primero, algo que reforzó mi estructura mental y me permitió llevar un diario de comunicación mucho más analítico.

Empecé a practicar cómo sonar más directa. No se trata de ser ruda, sino de ser clara. Si un directivo pregunta por una métrica, no necesita la historia de cómo llegamos ahí, necesita el número y el impacto. Esa claridad me dio una confianza que ninguna postura de poder pudo darme.

El punto de inflexión: La junta de resultados

Hace apenas un par de semanas, tuve el reto más grande hasta ahora: presentar el reporte trimestral ante la junta directiva. Sabía que mi ritmo pausado de los domingos no sería suficiente para el nivel de intensidad que requería ese momento. Fue cuando decidí usar el enfoque intensivo de Yo Hablo en Público. Es un programa con una calificación de 4.4 y una estructura mucho más corta, ideal para cuando tienes una presentación grande en la agenda.

Vista de una videollamada con una libreta de notas de apoyo al lado del teclado.

Lo que me salvó no fue memorizar un guion, sino entender la entonación. Trabajé mucho en cómo mejorar la entonación al hablar para que mis afirmaciones no sonaran como preguntas. Los directivos huelen la duda, y a menudo la duda se esconde en subir el tono al final de las frases.

Durante esa semana de preparación intensiva, grabé notas de voz en WhatsApp y las escuché. El extraño eco de mi propia voz ya no me resultaba tan ajeno. Ya no era una extraña, era yo, defendiendo mi trabajo. El curso tiene una comisión de afiliación del 71%, lo que habla de lo mucho que confían en su método para que otros lo recomienden, pero para mí, el valor real estuvo en los ejercicios de respiración que evitaron que mi voz se quebrara al responder una pregunta difícil del CEO.

Pequeñas victorias en la libreta

Al final de esa reunión, no hubo aplausos, pero el CEO asintió y dijo: "Gracias por la claridad, lo tenemos claro". Para alguien que solía mutearse por miedo, ese "lo tenemos claro" fue música. Mi libreta ahora registra victorias, no solo miedos. He aprendido que hablar con seguridad no es dejar de tener miedo, sino aprender a hablar mientras el miedo está ahí sentado a tu lado.

Si estás pasando por lo mismo, si sientes que tu voz se queda pequeña frente a los cargos C-level, te diría que empieces por lo pequeño. No necesitas un escenario, solo necesitas una libreta y la paciencia de escucharte fallar hasta que dejes de hacerlo. A veces, el cambio más grande ocurre entre la semana 4 y la semana 9, cuando de repente, sin darte cuenta, respondes sin mirar tus notas. Si estás lista para dar ese primer paso, te recomiendo empezar con Yo Hablo en Público; es la herramienta que me ayudó a pasar de la teoría a la acción cuando los latidos en mis oídos amenazaban con silenciarme otra vez.