Diario del Orador

Cómo evitar silencios incómodos en conversaciones y llamadas con clientes

2026.06.25
Cómo evitar silencios incómodos en llamadas con clientes: comunicación asertiva en customer success

En esos huecos de dos o tres segundos donde nadie dice nada y la llamada sigue conectada es lo que me preguntan seguido compañeras de customer success. Ellas, como yo, escriben mejor de lo que hablan, correos impecables, respuestas de chat rápidas, y luego, en una llamada, el vacío. Nadie me preparó para esto en ningún plan de desarrollo profesional, y durante mucho tiempo pensé que el problema era hablar en público, cuando en realidad era sostener una conversación de ida y vuelta sin que el silencio se sintiera como un error mío. No tengo una fórmula de comunicación asertiva que resuelva esto en una sola frase, pero sí un puñado de respuestas que le he ido dando, una por una, a quien me pregunta.

El silencio se siente tan largo cuando en realidad es corto

Un silencio de dos respiraciones se siente, para quien está esperando la respuesta, como si la llamada se hubiera caído. Eso fue lo primero que entendí: el vacío entre una pregunta y una respuesta no se mide en segundos de reloj, se mide en la ansiedad de quien lo llena mentalmente con las peores explicaciones. Siento calor subiendo por el cuello justo antes de hablar, y durante mucho tiempo confundí ese nervio con el silencio mismo, como si fueran la misma cosa. No lo son. El nervio es mío; el silencio es solo el espacio que queda mientras decido qué hacer con él, y esa diferencia cambia todo: si nombras la pausa en vez de pelear contra ella, "dame un segundo, estoy revisando eso", el cliente deja de sentir que algo se rompió.

Fui una vez a una sesión de Toastmasters porque alguien me la recomendó como la solución definitiva, y no volví. Sentí que ese formato, con su estructura y su aplauso coreografiado, no era mi lugar. No fue que no funcionara para nadie; simplemente no resolvía mi problema puntual, que era sobrevivir una llamada de quince minutos sin que la voz se me fuera a negro. Lo que sí me sirvió fue algo mucho menos vistoso: grabarme diciendo una frase corta y volver a escucharla, aunque la primera vez quise apagar el audio a los tres segundos.

Mano escribiendo notas sobre comunicación asertiva y hablar en público, parte del desarrollo profesional en customer success.

La frase puente que uso todos los días

Parafrasear compra tiempo sin que se note que lo estás comprando. Cuando un cliente me suelta una queja larga y enredada, repito la parte central con mis propias palabras: "si entendí bien, lo que me dices es que el reporte llegó tarde dos veces seguidas" y mientras lo digo, termino de ordenar la respuesta. Es una herramienta básica de customer success, nada nuevo, pero aplicada a propósito deja de ser un truco y se vuelve un puente real. Si el vacío se alarga más de lo que el parafraseo alcanza a cubrir, uso una frase corta que no promete nada que no pueda cumplir: "esa pregunta merece que la revise bien, dame un momento." Ahí es donde entran las muletillas, o mejor dicho, donde dejan de entrar. Cuanto menos "o sea" y "como que" meto en esa frase puente, más sólida suena.

Dejar que hable primero el cliente

Aquí es donde me alejé de lo que dicen la mayoría de manuales de comunicación asertiva. Casi todos insisten en que hay que llenar el silencio a toda costa, como si fuera una falla técnica. Pero cuando doy un precio o propongo una solución, el silencio que sigue casi siempre es la parte más útil de la conversación. Si lo interrumpo, pierdo la oportunidad de escuchar lo que el cliente en verdad piensa. El impulso de rellenar ese hueco con un descuento no pedido o una justificación de más es fuerte, y aprendí a resistirlo dejando que el calor en el cuello suba y baje sin reaccionar. Ese aprendizaje vino de entender que pasar de escribir bien a hablar con fluidez no depende del talento, sino de tener frases listas para cuando el cerebro decide tomarse un descanso, y también de lo que aprendí quedándome en blanco frente a un cliente. El silencio incómodo es apenas la parte visible de ese blanco mental, y la salida nunca fue hablar más rápido, sino nombrar la pausa en voz alta.

Cuando el silencio se alarga más de la cuenta

Si pasa de unos pocos segundos y noto que el cliente empieza a impacientarse, ahí sí intervengo, pero no con relleno, sino con una pregunta que devuelve el control a la conversación: "¿qué es lo más urgente de esto para ti ahora mismo?" Eso casi siempre destraba todo. Antes de una llamada importante hago un calentamiento corto de dicción, nada elaborado, apenas un par de trabalenguas en voz baja para no arrancar con la voz dormida. También me ayudó aprender a proyectar la voz en reuniones virtuales sin sentir que estoy gritando, porque cuando la base de la voz es sólida, el silencio se siente como una pausa con intención y no como un olvido. Sigo practicando en voz alta cada semana, ya no lo anoto en un calendario ni cuento los avances, simplemente lo hago porque funciona.

Lo que sí cambió en mi manera de hablar en público

Tengo una amiga que sale los viernes a hacer fotografía nocturna por el Centro, y dice que la peor foto es la que se dispara por ansiedad, antes de que la escena se acomode sola. Con las llamadas me pasa algo parecido: la peor respuesta es la que doy por miedo al silencio, no la que doy después de dejarlo estar un segundo más. Escribo esto sentada en una banca del Parque de Bolívar, un domingo sin ningún evento programado, ese silencio raro que tiene el parque cuando no hay tarima ni feria armada. Y pienso en un mensaje que me llegó hace poco de una colega, después de una llamada difícil: que sonó segura. Esa vez sí me lo creí.

Cuando la voz se quiebra a mitad de una frase ya no me detengo a pedir disculpas por eso. Sigo, y el cliente casi nunca nota lo que yo sí noto. El tinto se me enfría más veces de las que quisiera admitir, sobre todo cuando estoy grabando una frase corta para volver a escucharla después. Anotar los cambios chiquitos sigue siendo lo que más me ayuda a creer que esto se puede entrenar. No por magia, sino porque volver a leer lo que escribí hace tiempo me recuerda que el silencio que hoy manejo sin pensar, antes me paralizaba por completo. Si algo le diría a quien me pregunta cómo evitar esos silencios incómodos es esto, lo digo en serio: no se trata de llenarlos más rápido, sino de decidir qué hacer con ellos antes de que lleguen. Una frase puente lista, una pregunta que devuelve el control, y la costumbre de no salir corriendo del vacío apenas aparece.